Principio proponiendo que no hay verdades a medias que sean valederas, porque si así fuera, se podrían justificar cuantas uno tenga respecto a los temas que se aborde en las circunstancias en que uno se encuentre. Entonces, la vedad no puede ser circunstancial ni acomodaticia cuando uno las expresa diariamente o de tiempo en tiempo. El miedo a la verdad nos hace frágiles y en esas condiciones solemos recurrir a mentirijillas como armas de defensa ante una realidad.