La inseguridad se suma a las causas de cuadros de depresión en Ecuador; ¿qué se debe hacer?
Written by admin on 01/20/2026
Isabel (nombre protegido), originaria del sur de Ecuador, vivió violencia de género por más de 30 años. Un cuadro de depresión es una de las secuelas, aun después de cerca de ocho años de separarse del agresor. Ella enfrentó golpes, insultos y amenazas. Las personas expuestas a violencia frecuentemente experimentan ansiedad, estrés, frustración, temor, irritabilidad, enojo, dificultad de concentrarse, pérdida del apetito y pesadillas.
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La depresión, un problema latente en Ecuador
Si bien la depresión está relacionada con experiencias violentas o traumatizantes, hay factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos.
Se trata de uno de los problemas de salud mental que más afecta a la población ecuatoriana. Durante 2025, el país registró más de 1,2 millones de atenciones en salud mental y, de ese total, algo más de 146 000 correspondieron a cuadros depresivos.
Esa cifra ubicó a la depresión como el segundo motivo de consulta, solo por detrás de la ansiedad, con un impacto marcado en niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
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El Ministerio de Salud Pública (MSP) difundió los datos en el marco del Día Mundial contra la Depresión, que se conmemora cada 13 de enero. La entidad advirtió que este trastorno representa una preocupación prioritaria dentro del sistema sanitario, debido a su alcance y a las consecuencias que genera en la vida cotidiana de quienes la padecen.
Atención y prevención en Ecuador
Las acciones estatales abarcan promoción, prevención, atención, rehabilitación e inclusión, con el objetivo de enfrentar la problemática desde distintos frentes y reducir su impacto en la población más vulnerable. No obstante, es una realidad diaria.
Según la Cartera de Estado, Ecuador cuenta con 71 servicios de atención ambulatoria. De estos, siete están en Quito: Guamaní, Chimbacalle, Conocoto, Yaruquí, Cotocollao, Comité del Pueblo y Calderón.
Del mismo modo, se encuentra activa la línea 171, opción 6: atención emocional y contención en crisis.
Pacto Nacional por la Salud Mental
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 280 000 personas viven con depresión en el mundo, lo que la convierte en una de las principales causas de discapacidad y en un factor de riesgo clave para el comportamiento suicida.
Isabel, por ejemplo, a pesar de tratamientos farmacológicos y terapia psicológica, aún no ha podido superar los cuadros de depresión.
Ella es madre de cinco hijos, no cuenta con un empleo fijo y, además, enfrenta las secuelas que dejó la violencia en ellos, como complicaciones en el manejo de la ira y en la forma de relacionarse. De la mano de la depresión, la mujer experimenta baja autoestima y dificultad para relacionarse.
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Desde el Ministerio de Salud se recordó que, junto con la Vicepresidencia de la República, liderada por María José Pinto, quien también se encuentra al frente de la Cartera de Estado, suscribió el Pacto Nacional por la Salud Mental y puso en marcha la Política Nacional de Salud Mental 2025-2030.
Este pacto cuenta con la intervención técnica de organismos internacionales y busca posicionar la salud mental como una política de Estado prioritaria.
La iniciativa reúne a 38 representantes de instituciones públicas, academia, organizaciones no gubernamentales, especialistas, autoridades locales y entidades estatales.
¿Qué hay detrás de la depresión?
La OMS refiere que la depresión es una enfermedad común pero grave que interfiere con la vida diaria, con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer y disfrutar de la vida. Esta es causada por una combinación de factores, justamente, como genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos.
La gravedad, frecuencia y duración de los síntomas varían dependiendo de la persona y su enfermedad en particular.
Se caracteriza por una tristeza persistente y por la pérdida de interés en las actividades, así como por la incapacidad para llevar a cabo las tareas cotidianas, incluso por semanas.
Pérdida de energía, cambios en el apetito, necesidad de dormir más o menos de lo habitual, ansiedad, disminución de la concentración, indecisión, inquietud, culpabilidad o desesperanza y pensamientos de autolesión o suicidio.
Hay que tener claro que la depresión no es un signo de debilidad. Se puede tratar con terapia o intervención psicológica, medicación o con una combinación de ambos métodos.
Una enfermedad que puede ser invisible y requiere apoyo
La depresión se presenta como una enfermedad silenciosa e invisible, que muchas veces pasa desapercibida hasta que la persona enfrenta una crisis o logra pedir ayuda. Así lo explicó Emilio Carrillo, docente de psicología clínica.
El catedrático refiere que el prejuicio, la vergüenza y el desconocimiento dificultan reconocerla como una condición de salud mental que requiere atención especializada.
El abordaje de la depresión no se limita a la persona que la padece. El entorno familiar, social y educativo cumple un rol clave en el acompañamiento, el tratamiento y la prevención de desenlaces graves, como el suicidio.
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La familia necesita aprender a responder ante situaciones de crisis y a acompañar procesos largos y dolorosos, que no se resuelven con mensajes simplistas. Por ello, los círculos de apoyo y la conciencia colectiva resultan fundamentales para generar entornos más comprensivos y protectores.
Emilio Carrillo agrega que experiencias traumáticas, estrés crónico, pobreza, desempleo, violencia o bullying, especialmente en jóvenes, son factores que afectan a la salud mental. A esto se suma el aislamiento digital y la hiperconectividad, que debilitan las habilidades sociales y aumentan la sensación de soledad.
La violencia y la inseguridad agravan el panorama
Nancy Larrea, coordinadora de la Escuela de Psicología de la UIDE, detalló que la depresión en Ecuador no constituye un problema reciente. Desde hace varios años, las estadísticas ya mostraban que este trastorno se relacionaba con casos de suicidio y afectaba de manera particular a la población adolescente.
Los datos alertaban sobre una causa de muerte considerada evitable y evidenciaban un impacto temprano en jóvenes que hoy enfrentan dificultades para desarrollar su vida estudiantil, laboral y personal con bienestar.
La experta remarcó que, en el contexto ecuatoriano, la depresión se agrava por factores sociales persistentes. La violencia, la pobreza y la falta de oportunidades influyen de forma directa en la salud mental de la población.
La preocupación constante por la inseguridad, las muertes violentas y la percepción de un entorno social inestable generan ansiedad y afectan el estado de ánimo, lo que deteriora el bienestar emocional de adolescentes y jóvenes.
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Estos factores sociales actúan como elementos que profundizan estados de tristeza, melancolía o depresión. Cuando estas señales de alerta no reciben atención oportuna, el cuadro puede volverse más complejo y perjudicial para la salud integral de la persona.
Por eso, la experta fue enfática en que reconocer la influencia del entorno social resulta clave para intervenir a tiempo y prevenir consecuencias más graves en la salud mental de la población.
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Ya en febrero de 2025, la Primera Encuesta Distrital de Salud Mental, elaborada por la Fundación Tamdem y presentada al Municipio, reflejó que uno de cada cuatro habitantes de la capital considera que tiene algún problema de salud mental. El estudio se levantó en 1 200 hogares.
¿Dónde recibir ayuda?
Atención ambulatoria en Quito: San Lázaro (Ambato Oe6-49 y Rafael Barahona), de lunes a viernes, de 08:00 a 17:00
Emergencias y acompañamiento: riesgo inminente, se puede llamar al 911 ofrece primeros auxilios psicológicos las 24 horas.
Casos no de emergencia: 101, opción 9, teleconsultas programadas, de lunes a viernes, de 07:00 a 19:00.
Informe externo: Depresión