México, el riesgo que Ecuador no debe ignorar
Written by on 03/01/2026
México no sólo combate una espiral de violencia criminal, sino que, enfrenta una disputa por la autoridad y por el territorio. Tengamos presente que en dicho país, existen espacios territoriales (una suerte de micro estados) donde las mafias gobiernan, deciden y mandan. Cuando éstas bloquean carreteras, paralizan ciudades, imponen miedo y desafían violentamente a la fuerza pública, a la institucionalidad estatal y a la ciudadanía, lo que está en juego ya no es solamente la seguridad, sino propiamente el control con miras a tomarse el monopolio de la fuerza.
Ecuador debe mirar con atención lo sucedido en los últimos días en México, a raíz de que el ejército mexicano – por presión y con apoyo estadounidense – en Tapalpa, abatió a Nemesio Oseguera “el Mencho”, identificado como líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (organización cuyos tentáculos se han infiltrado en el Ecuador desde tiempo atrás). A partir de lo cual, las reacciones violentas paralizaron algunas ciudades mexicanas como Puerto Vallarta, Guadalajara, entre otras; transmitiendo un muy preocupante mensaje de desafío, provocación y venganza. Quedando el interrogante si, los “abrazos y no balazos” estarían quedando atrás…?
Aquí, en el Ecuador, todavía la lógica dominante parece ser la de un Estado que combate a las mafias desde una posición de superioridad formal y de territorios en gran medida controlados: tenemos Fuerzas Armadas, Policía, legitimidad constitucional y, el monopolio de la fuerza. Pero el problema no está en lo que ocurre hoy, sino en lo que pueda llegar a pasar mañana, tal como vemos que viene ocurriendo en México. Si el Ecuador no controla a tiempo la expansión del crimen organizado, esa guerra puede mutar. Y cuando mute, dejará de ser una ofensiva estatal contra estructuras delictivas para convertirse en una competencia real por el poder, algo que, al momento, ya parecería tener sentido comenzar a pensar…
El riesgo real:
El crimen organizado no necesita derrocar al Gobierno para vaciar al Estado. Le basta con algo más eficaz, esto es, perforarlo de a poco. Corromper mandos, capturar cárceles, infiltrar puertos, domesticar barrios, financiar lealtades, intimidar jueces y convertir áreas enteras en territorios de obediencia criminal. Allí comenzaría la transición del Estado de derecho al Estado fallido.
Ese es el mayor peligro para Ecuador, y no solo más violencia, más sicariato o más extorsión. Adicionalmente, el riesgo es también que la población, poco a poco, deje de ver en la ley una protección y empiece a ver en la mafia un poder más eficaz. En esas circunstancias, el monopolio de la fuerza dejaría de ser estatal, aunque el Palacio siga en pie y las instituciones sigan abiertas. Y, un país puede, conservando elecciones, ministerios y discursos, en la práctica y en lo sustancial, transmutar a una república de papel. Cuando el miedo reemplace por completo a la ley, la autoridad cambiará de manos…
Antes del despeñadero:
Evidentemente la solución es un tema muy complejo que reviste varias aristas y acciones. Sin embargo, no queda más que enfrentarlo con sentido de urgencia. Para evitarlo, no basta la retórica de guerra ni la espectacularidad de los operativos. Se requieren entre otras, al menos, cuatro ejecuciones firmes y claras del Estado.
Primero, golpear el dinero sucio, ya que sin asfixia patrimonial, toda victoria policial es apenas táctica. Segundo, recuperar completamente las cárceles: si los centros de reclusión siguen siendo centros de mando, el Estado seguirá peleando con desventaja. Tercero, blindar jueces, fiscales, puertos, fronteras, aduanas, toda vez que, el crimen avanza por las costuras institucionales. Y cuarto, construir una política de seguridad sostenida, profesional y no electoral. Sin perjuicio por supuesto, del fundamental y correcto accionar de la Fiscalía, y de la Función Judicial que con aplomo y decisión sentencie a quien debe sentenciar.
Ecuador todavía está a tiempo. Pero el reloj corre apresuradamente en su contra. Si no se impone la ley con inteligencia, continuidad y coraje, el país no caerá de golpe, sino que se irá vaciando por dentro, de a poco. Y cuando caigamos en cuenta, quizá ya no estemos defendiendo un verdadero Estado…