Cartas a Quito / 12 de enero de 2026
Written by admin on 01/12/2026
El silencio de los muros: Una sentencia de muerte no escrita
La realidad de las cárceles en Ecuador ha dejado de ser una crisis de seguridad para convertirse en una catástrofe humanitaria que el Estado ya no puede ocultar bajo el manto del “control de armas”. Al iniciar 2026, el panorama dentro de los centros de privación de libertad es desolador: el hacinamiento ha vuelto a niveles insostenibles (superando el 36% nacional) y las enfermedades contagiosas están dictando sentencias de muerte que ninguna ley contempla.
El reciente dictamen de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a inicios de este enero es un llamado de atención internacional que no admite excusas. Mientras el discurso oficial del SNAI y el Gobierno se centra en la disciplina militar y el orden externo, en los pabellones se libra una batalla silenciosa contra la tuberculosis y la desnutrición crónica. Resulta inaceptable que en un Estado de derecho se reporten internos en estado cadavérico o que fallezcan por patologías prevenibles ante la mirada impasible de la administración.
La seguridad pública no puede ser el pretexto para el abandono de la dignidad humana. Una persona privada de su libertad pierde su derecho a la movilidad, pero no su derecho a la salud, a la alimentación ni a la vida. La militarización de las cárceles, si bien ha contenido la violencia extrema de las bandas, ha generado un efecto colateral perverso: un aislamiento que impide el acceso a brigadas médicas efectivas y un sistema de provisión de alimentos que hoy es cuestionado por su ineficiencia.
El Estado ecuatoriano, a través del SNAI y el Ministerio de Salud, debe entender que el hacinamiento no es solo un problema de espacio, sino una incubadora de epidemias. Ignorar la salud de las PPL es, en última instancia, una violación flagrante de los tratados internacionales y de la propia Constitución.
No se puede hablar de éxito en la lucha contra el crimen cuando el sistema penitenciario se ha transformado en un depósito de cuerpos donde el castigo ha mutado de la reclusión al exterminio biológico. La verdadera victoria del Estado será el día en que recupere no solo los muros, sino la humanidad que debe prevalecer dentro de ellos.
Carlos Eduardo Bustamante Salvador
El nuevo amanecer de Venezuela
Al amanecer de este nuevo año 2026, 3 de enero, se produjo la invasión a Venezuela y la detención a Nicolás Maduro y Cilia Flores, por parte de las fuerzas armadas y de seguridad de Estados Unidos y llevados a Nueva York, al Distrito Sur, donde serán acusados por varios delitos federales.
Ante los acontecimientos, los defensores de Nicolás Maduro se quedaron asombrados y protestando, pero ya se les pasará. Las operaciones denominadas ‘resolución absoluta’ seguida de ‘martillo de medianoche’ fueron realmente incruentas, casi quirúrgicas. Los bombardeos a los fuertes venezolanos, solo fueron un distractivo para efectuar la extracción de Maduro y Flores.
Como una nota del recuerdo histórico, cuando Noriega fue acusado de narcotráfico en febrero de 1988, en Tampa y Miami, Florida, el momento en que le fueron a detener y llevárselo de Panamá, no fue incruento, porque este cometió el error de ordenar a su ejército atacar a los soldados estadounidenses, produciéndose muchas muertes; afirman que en número de 3 000.
A los latinoamericanos nos preocupa cuando Donald Trump afirma que ‘dirigirá Venezuela hasta que haya una transición segura’. ¿Cuándo y en qué condiciones se irán y si se irán? Recordemos a Irak el 20 de marzo de 2003, cuando varios países coaligados la invadieron, encabezados por Estados Unidos; se fueron de ahí el 18 de diciembre de 2011, y Estados Unidos dijo estar arrepentido de haberse ido. En un paréntesis, recuerdo cuando la periodista y presentadora colombiana Patricia Janiot de CNN narraba esa guerra como partido de futbol.
Difícilmente se irán los norteamericanos del país llanero, si este tiene 300.000 millones de barriles de petróleo en el subsuelo y otros recursos, como gas, oro, hierro, bauxita, diamantes y tierras raras, en los primeros lugares de importancia y porcentajes con respecto a otros países que también poseen estas riquezas y a pocos kilómetros de distancia de Estados Unidos.
Sin duda, la administración Trump, expulsará de tierras venezolanas a Rusia, China e Irán; a este último ya le ha amenazado con atacar su país, si muere un iraní en sus protestas internas.
Pero claro, los norteamericanos se adelantaron ante cualquier evento, a imputar con algunos cargos a Nicolás Maduro y a su cónyuge Cilia Flores primera dama de Venezuela por el cometimiento de delitos federales: conspiración narcoterrorista, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos contra Estados Unidos, compra e importación de ametralladoras, conspiración para importar cocaína, enfrentando cargos por narcotráfico desde el 2020, acusado en Estados Unidos de liderar el cartel de los soles. Estados Unidos llegó a ofrecer hasta 50 millones de recompensa por Maduro, y otras recompensas más bajas por Cabello, Padrino y otros. También hubo detenciones en Estados Unidos a parientes de la pareja presidencial.
Mercedes Regalado