Quito necesita anticiparse a las lluvias de la tarde
Written by on 10/12/2026
Las lluvias ocurridas durante las tardes del 4 y del 7 de octubre dejaron una exigencia para Quito: convertir la gestión del riesgo en una prioridad permanente. Las calles inundadas, los vehículos atrapados y las viviendas afectadas muestran cuánto puede trastornar una tormenta la vida de la ciudad. La respuesta de los equipos de emergencia es vital, pero una capital preparada debe reducir las condiciones que permiten que el agua se convierta en desastre.
Los datos obligan a actuar hoy. En Cotocollao cayeron 76,3 milímetros de lluvia en 24 horas, una cifra que superó los registros de esa estación para el mismo período desde 2004. El alcance de esa medición debe explicarse sin exageraciones: no representa un récord absoluto. Tampoco existe sustento para atribuir directamente aquel aguacero a El Niño. La precisión científica debe orientar las decisiones públicas y la información que reciben los ciudadanos.
‘Los registros históricos siguen siendo útiles, pero una ciudad no puede organizar su seguridad bajo la expectativa de que las próximas lluvias repetirán la frecuencia de las del pasado’.
La previsión de precipitaciones superiores al promedio en noviembre, comunicada por el director del Centro de Operaciones de Emergencia con base en información del Inamhi, exige preparación. El cambio climático es, en gran medida, el protagonista. Demanda incorporar escenarios futuros a la planificación. Los registros históricos siguen siendo útiles, pero una ciudad no puede organizar su seguridad bajo la expectativa de que las próximas lluvias repetirán la frecuencia de las del pasado.
El Municipio identifica 321 barrios susceptibles a inundaciones y movimientos en masa, y mantiene seguimiento sobre 112 quebradas y ríos prioritarios. Este conocimiento debe traducirse en prioridades de inversión, mantenimiento y protección de las familias. Cada sector expuesto necesita medidas, responsables y plazos. La ciudadanía debe conocer qué se ha corregido, qué obras faltan y cómo actuar cuando una alerta comprometa su seguridad.
Las 1 866 intervenciones municipales en quebradas desde junio son un esfuerzo que corresponde reconocer y evaluar. Contar actuaciones es apenas una parte de la rendición de cuentas. Hace falta demostrar cuánto riesgo redujeron y qué puntos siguen pendientes. Los informes de seguimiento deben permitir comprobar resultados y orientar recursos hacia los lugares donde una nueva tormenta podría causar mayores daños.
También urge cuidar las laderas, recuperar cobertura vegetal y evitar que la ocupación del suelo agrave la exposición. Lo ocurrido en Buenaventura de Chillogallo, donde el agua arrastró lodo desde una microcuenca con suelo expuesto, recuerda que el drenaje depende de lo que sucede aguas arriba. La prevención requiere coordinación entre planificación urbana, ambiente, obras públicas y gestión de riesgos.
Los vecinos tienen deberes: mantener desagües limpios, no arrojar basura y respetar las alertas. Esa colaboración debe acompañar una gestión pública eficaz. Quito necesita presupuestos transparentes y decisiones técnicas sostenidas. El éxito será que la próxima lluvia encuentre menos familias en peligro.