Así era la Venezuela que atraía al mundo
Written by admin on 01/11/2026
Hace más de dos décadas, Venezuela no expulsaba a su gente: la atraía. Inversionistas, migrantes, turistas y profesionales veían en el país caribeño una combinación poco común de estabilidad política, crecimiento económico y movilidad social real. Mucho antes del chavismo (1999), Venezuela fue refugio, vitrina de modernidad y promesa cumplida para nacionales y extranjeros.
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Kathleen Gómez, de 53 años, lo recuerda con precisión. “Era una tranquilidad bella, bonita, sabrosa. Vivíamos tranquilos 24/7”. A Ecuador llegó el 19 de abril de 2019 con dos maletas y una máquina de coser. En Caracas trabajaba desde su casa: cosía, vendía y no necesitaba salir a la calle. Lo que producía le alcanzaba para sostener a sus hijos. Esa normalidad -hoy impensable- tenía raíces profundas en un país que durante décadas funcionó.
🛢️ El petróleo que cambió el destino de Venezuela
PDVSA cumple este 2026 50 años desde que se creó. Foto: Captura de la cuenta de X @soygdelpetroleo
Venezuela pasó de ser una nación agropecuaria a ser el país con las mayores reservas de petróleo. En 1914– con el reventón del pozo Sumaque I- el petróleo alteró para siempre la estructura económica, social y política del país. Para 1929 ya era el mayor exportador de crudo y el segundo productor global.
El ingreso petrolero financió carreteras, hospitales, universidades, industrias y un Estado con capacidad de planificación. Entre 1950 y 1977, el PIB real per cápita creció en promedio 2,96% anual. En 1970, la renta per cápita venezolana superaba en 83% la media latinoamericana. La inflación se mantuvo por debajo del 3% durante décadas y el bolívar fue una de las monedas más estables de la región.
Mientras América Latina enfrentaba golpes de Estado y crisis recurrentes, Venezuela parecía la excepción.
🌍 El imán migratorio latinoamericano y europeo
Imán migratorio. Tras la Segunda Guerra Mundial, el Estado promovió una política de puertas abiertas. Entre 1948 y 1961 ingresaron más de 1,7 millones de personas, sobre todo europeos. Españoles, italianos y portugueses transformaron el comercio, la gastronomía, la arquitectura y la pequeña industria.
Kathleen creció en ese entorno. “En mi casa había haitianos, dominicanos, peruanos, chilenos, colombianos. Mi mamá alquilaba cuartos”. Llegaban sin nada y se iban con familia, trabajo y un futuro.
En los años 70, Venezuela también fue refugio político. Profesionales del Cono Sur escaparon de las dictaduras militares y encontraron espacio en universidades, hospitales y centros de investigación.
🏗️ Sembrar el petróleo y el sueño industrial
Conscientes de que el petróleo no era infinito, los gobiernos impulsaron la idea de “sembrar el petróleo”: usar la renta para diversificar la economía. El hito fue la nacionalización de 1976 y la creación de PDVSA.
Isaac C., ingeniero mecánico y petrolero con tres décadas de experiencia, fue parte de ese proceso. “PDVSA no solo explotaba petróleo, pensaba el país. Se hacían planes a 20 años. Se calculaban reservas, tecnologías, cuántos profesionales se necesitarían. Era un plan de Estado”.
La meritocracia era la norma. “Quien hacía carrera ocupaba los cargos. Por eso PDVSA llegó a ser la tercera del mundo”. El país contaba con siete refinerías operativas y estándares de seguridad y ambiente.
🚇 Infraestructura, servicios y modernidad cotidiana
Macuto Sheraton, el Icono del Litoral Central. Antes de 1999, este hotelera la estampa del lujo y el glamour en el caribe venezolano. Foto: @eslaguairaenfotos
El progreso se veía y se vivía. El puente Rafael Urdaneta, el Metro de Caracas, el Hotel Humboldt, el complejo Parque Central, la Central Hidroeléctrica de Guri y universidades públicas definieron una época.
El turismo floreció con hoteles internacionales, aerolíneas como VIASA y una conectividad que convertía a Caracas en escala natural entre Europa y Sudamérica.
Para la gente común, la riqueza petrolera se traducía en bienestar. “La gente compraba casas, carros, viajaba. El venezolano viajaba como turista, nunca como migrante. Había clase media, alegría, fiesta. Éramos felices y no lo sabíamos”, dice Isaac.
Alba Padrón lo vivió desde la clase media profesional. Era gerente de una empresa, viajaba, compraba sin restricciones. “Antes del chavismo íbamos al supermercado y teníamos qué escoger. Había opciones”.
🛍️ “Ta’ barato, dame dos” y el consumo sin fondo
El boom petrolero de los años setenta consolidó un modelo de consumo financiado por un tipo de cambio artificialmente barato. La frase ‘Ta’ barato, dame dos‘ resumió una época. Pero el bienestar se sostenía sobre una economía dependiente del petróleo, un gasto público expansivo.
La desigualdad creció. Los cerros se llenaron de barrios informales. La pobreza empezaba a reaparecer.
💸 El Viernes Negro y el fin de la ilusión
El 18 de febrero de 1983, el ‘Viernes negro’ rompió la ilusión. El bolívar se devaluó, se instauraron controles y la clase media comenzó a empobrecerse. La inflación superó el 30% anual y la pobreza alcanzó al 60% de la población.
La crisis económica coincidió con una crisis ética. Escándalos durante el gobierno de Jaime Lusinchi reforzaron la percepción de impunidad. El sistema político se cerró sobre sí mismo.
“El problema no era solo la plata”, dice Alba. “Era la injusticia de tantos y tantos gobiernos. Los mismos políticos robaban y la gente estaba cansada”.
🔥 El Caracazo y el quiebre del pacto democrático
El Caracazo de 1989 marcó el quiebre definitivo. La protesta social y la represión militar destruyeron la legitimidad del sistema democrático tradicional. Cuando Hugo Chávez apareció con un discurso contra las élites, la corrupción y los ricos, conectó con una sociedad agotada. “Yo voté por Chávez”, admite Alba. “Queríamos un cambio. Sus discursos eran atractivos. Prometía justicia y vivienda”.
📰 La purga en PDVSA y el castigo político
El quiebre más profundo llegó entre 2002 y 2003. Isaac lo recuerda con una imagen difícil de borrar. “Nos despidieron por la prensa escrita. Un comunicado. Así”.
Más de 3,2 millones de personas quedaron fuera del sistema por razones políticas, muchas de ellas incluidas en la Lista Tascón. “Firmaste contra el gobierno y quedabas marcado”, dice. Los puestos técnicos fueron ocupados por personal sin experiencia. “Hasta bioanalistas llegaron a trabajar en petróleo. Sin preparación”.
La consecuencia fue inmediata: la producción cayó. “En vez de subir a seis millones de barriles, bajamos a menos de uno. Y los recursos que debían ir a escuelas y hospitales se fueron en corrupción”.
🚶♀️🚶♀️De turistas a migrantes
Alba Padrón junto con su familia recibiendo el nuevo año en su casa en Ecuador.
Por lo menos ocho millones de venezolanos salieron del país. Alba vio el quiebre entre 2015 y 2016. De gerente pasó a tener dos trabajos universitarios. “La mitad del sueldo se me iba en pasajes”. Hacía colas nocturnas para comprar comida y tenía que hacer trueques a cambio de comida. Esa dinámica la cansó. En 2017 migró a Ecuador. Aquí comenzó nuevamente y no está en sus planes volver. Tiene a su esposo, a sus hijos, compraron una terreno y tienen una casa. “Ya he hecho mi vida aquí”.
Kathleen también reconstruyó su vida fuera de Caracas. Isaac quiso regresar en 2024 con su hijo, pero lo deportaron desde el aeropuerto de Margarita.
🧩 Tres historias, un país que no vuelve atrás
Las historias de Kathleen, Alba e Isaac no son excepciones: condensan el recorrido de un país que pasó de atraer al mundo a expulsar a su gente. Venezuela fue potencia, refugio y promesa, pero también acumuló desigualdad, corrupción y fragilidad institucional. El chavismo no surgió de la nada: fue la respuesta a un desencanto profundo.
Quienes vivieron esa Venezuela no hablan desde la nostalgia, sino desde la experiencia. Saben que el país donde nacieron y trabajaron ya no existe. Aprendieron, a un costo alto, que la riqueza sin instituciones, la abundancia sin controles y el poder sin límites no sostienen una nación: la desgastan hasta obligar a sus ciudadanos a buscar futuro en otra parte.
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