Orden pero sin mordaza
Written by on 06/28/2026
Criticar al contrario o al opositor de la tendencia política es sencillo; marcar límites al gobierno cercano ideológicamente exige mayor honestidad intelectual. Allí se prueba si la libertad es convicción o apenas apariencia o conveniencia.
El gobierno de Noboa ha conectado con la demanda de autoridad. Sería equivocado negar sus esfuerzos; ni que parte del país quiere superar – pese a sus sombras y luces – la política del bloqueo y de la ingobernable gobernabilidad.
Pero apoyar aciertos, no obliga a justificar o mirar a otro lado frente a los desaciertos. Para los que nos sentimos alineados con una tendencia de centro derecha y derecha – democrática – no podemos defender la libertad económica mientras relativizamos la libertad de opinión. No se puede pedir reglas claras para el mercado y aceptar zonas grises para el poder. No se puede exigir transparencia cuando gobiernan otros y guardar silencio cuando el escrutinio incomoda al gobierno de la tendencia.
El caso del periodista Hernán Higuera debe preocupar más allá de cualquier simpatía partidista. El periodista resolvió apartarse de la investigación sobre Progen tras denunciar afectaciones a su entorno familiar. Una conocida fundación local dedicada a la defensa y promoción de la libertad de prensa, rechazó lo que calificó como represalias estatales contra Higuera y su familia, y advirtió que la estigmatización de periodistas desde el poder y cualquier acción entendida como represalia generan un grave efecto inhibidor sobre la libertad de prensa y el control ciudadano.
No se trata de convertir una denuncia o una situación en sentencia en firme; pero, sin embargo si corresponde advertir dicha percepción en el efecto público, en el sentido de que, cuando un periodista siente con hechos que investigar puede tener costos familiares y personales, la sociedad recibe una alerta clara.
Por su parte, una organización internacional independiente de origen francés, dedicada a defender el derecho a la información libre, conocida por publicar cada año la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa, comparando para el efecto la situación en 180 países y territorios, ubicó a Ecuador en el puesto 125 de 180 países en el 2026. El descenso fue de 31 posiciones respecto del año anterior. Ese dato no debería leerse como propaganda opositora, sino como alerta institucional sobre el clima de libertad de los periodistas y de los medios en el país.
La libertad de prensa no es un privilegio gremial. Es una garantía para el ciudadano común, para el empresario honesto, para el contribuyente y para el votante que necesita información verídica antes de decidir. Sin prensa libre, el poder cuenta su propia versión de la historia (evidentemente, la que le conviene).
Algo similar ocurre con la revocatoria. Puede ser discutible, inoportuna o impulsada por sectores que no representan necesariamente una alternativa seria. Todo eso puede debatirse. Pero un mecanismo constitucional no debe tratarse como una conspiración contra el poder. El Gobierno tiene derecho a defenderse ante el CNE; lo que no puede hacer es decir que toda crítica es sabotaje y todo contradictor es enemigo.
Una sana tendencia política de tinte capitalista requiere algo más que inversión y crecimiento. Necesita confianza, instituciones, libertad de prensa, respeto al disenso y protección del ciudadano frente a los excesos del Estado. El mercado florece donde hay reglas claras y estables; la república respira aire puro donde se cumplen las reglas democráticas. Sin libertad para preguntar, investigar y discrepar, el orden se convierte en ciega obediencia.
Para los que creemos y defendemos la Libertad y el libre mercado, debemos tener claro que, el capitalismo (sin ser perfecto, pero si el mejor para combatir la pobreza) que el Ecuador necesita no es una derecha de mordaza ni de culto al poder. Es una derecha republicana, esto es, firme frente al populismo, abierta al capital privado, sensible ante la dignidad humana y celosa de las libertades públicas.
Respaldar lo correcto del gobierno y cuestionar lo incorrecto no es contradicción, sino más bien coherencia. La libertad no se defiende solo frente al adversario. También se defiende frente al poder cercano, precisamente porque allí resulta más sincera.
El país necesita orden, sí. Pero un orden con prensa libre, ciudadanos críticos e instituciones que no se confundan con la voluntad del gobernante. Cuando la mordaza entra por la puerta, la confianza, la inversión y la república empiezan a retirarse silenciosamente del salón…